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Primeros relatos

Estuve a punto de nacer el milenio pasado, mi madre sintió las punzadas en el útero ese 31 de Diciembre, pero tan solo fue un aviso para mi llegada una semana después. El nuevo milenio había llegado, las personas estaban esperanzadas porque parecía una suerte de renacimiento para la humanidad o tal vez el fin del mundo, al menos para unos pocos. Nací el día después de reyes, como si hubiera sido el regalo de los tres reyes magos para mis xadres, pero, paso de esa superstición, porque no me siento como un regalo.
Creo que siempre fui una nena muy callada y cabizbaja, al menos eso es lo que me dicen las marcas en mi cuello, un par de marcas que se forman siempre que bajo la mirada y recuerdo que inconscientemente caminaba mirando hacia mis zapatos, y parece que aún lo hago. Por alguna extraña razón, los recuerdos de mi infancia los siento problemáticamente opacos, lo suficiente para que no me parezcan tan vividos. A veces siento que mi cabeza es como un océano turbulento, el agua desordena los recuerdos, los refunde, algunos se hunden por completo, otros salen a flote y otro ni al fondo ni a flote y pues como es un océano, es indomable. 
Cuando era una nena, no sabía cómo ver a mi padre, si como un súper héroe o por el contrario, un súper villano. Por un lado era fuerte, valiente e inteligente, era cariñoso y protector, pero, cuando se voltea la moneda, me parecía aterrador, llegaba a ser brusco, grosero, mandón, sobre-protector y hasta cínico. Más adelante vine a entender que no puedo catalogarlo como héroe o villano porque sencillamente es un ser humano, cosa que tampoco lo tomo como excusa para cierto tipo de comportamientos. He chocado con las actitudes y decisiones de mi padre varias veces, pero esta fue una que me supo marcar, además que no está tan opaca.
Me gustaban las muñecas, me parecía divertido cambiar sus vestuarios, peinarlas y arreglarlas. Con mi hermana nos encantaban, cada una tenía al menos diez muñecas, jugábamos a imaginarlas en medio de diferentes aventuras y situaciones. Pero, además de las muñecas, sentía curiosidad por jugar con pistas de carros y con esas pistolas de juguete famosas llamadas Nerf, recuerdo pedir juguetes como esos cuando llegaba la Navidad, pero, nunca recibí ninguna de esas cosas. Me preguntaba porque si recibía las muñecas y los bebés pero no los carritos, pero pronto llegué a saber por qué.

Nos gustaba ver películas juntos, los cuatro. Mi padre censuraba las escenas con besos o desnudos y ahora que lo pienso, el hecho de que el hiciera eso, involuntariamente después, sin estar él, veía ese tipo de escenas como inapropiadas.
Un día de estos de película, pasaron los comerciales. Yo me aburrí un poco y se me ocurrió imaginar que mi mano era un carrito.
¡Rum! ¡Rum! ¡Ruuuuuuuum! El auto subía montañas peludas y tomaba curvas encobijadas, era un auto todo terreno. Pero el sonido del motor despertó al ogro de las almohadas. Era mi padre, en su modo molesto y gruñón (Y este es mi intento de citarlo de la forma más acertada posible en mi recuerdo):
ー¿Qué haces jugando a eso? ¡No lo hagas!... No quiero volverte a ver haciendo eso ¿bueno?
ー (yo, obviamente) ¿Por qué?
ーPorque eso es de niños y punto.
Sentí un poco de temor y a la vez rabia pues no entendía la razón de su enojo. ¿Cuál fue mi error? ¿Cómo así que es algo de niños?¡Ni siquiera tenía un carro real! era tan solo mi imaginación. Entonces supe que algo no andaba bien. Lo dejé pasar, y seguí imaginando carros pero a escondidas de mi padre, casi como si estuviera cometiendo un delito, aunque no por mucho tiempo. Después de todo, terminé cayendo en esos roles de género, esto para ellas y esto para ellos. De todas maneras, mi padre influyó mucho en mí durante los 11 años en los que vivimos con él; en mi gusto musical (le gusta mucho la música del siglo pasado https://www.youtube.com/watch?v=qeMFqkcPYcg), en algunos gustos y hábitos. Muchas veces siento que puedo llegar a ser una ogra como él y me da miedo, pero es algo estoy aprendiendo a manejar.


Después de irnos a vivir juntas las cuatro, mi madre, mi hermana menor, mi media hermana mayor y yo, sentimos un respiro al no tener a nuestro padre todo el tiempo con nosotras. Somos nosotras cuatro contra todo. Mi madre se convirtió en mi única heroína y el mejor apoyo junto al cambio de barrio y colegio. Ella es el ángel de los infiernos en mi cabeza. Ella ha hecho todo lo posible para darnos a mis hermanas y a mí lo mejor. Nuestro primer viaje fue a Medellín a visitar a una de sus sobrinas, fue la primera vez que viajamos en avión, fue maravilloso, no hago mucho énfasis porque los recuerdos son pocos y más aburridos. Nuestro segundo viaje fue al pueblito de Manzanares, por el motivo de la muerte de la madre de mi madre, mi abuela. Manzanares es su municipio de origen.Allí,  algo curioso nos sucedió, tal vez obra del destino o una simple coincidencia fue lo siguiente. A mi abuela le gustaba cantar una canción llamada Espumas de Silva y Villalba (Link: https://www.youtube.com/watch?v=1aMxLxttCO4) cuando íbamos en el bus de Bogotá a Manzanares sonó la canción, recuerdo voltear a ver a mi madre; a ambas nos colgaban una gota salada en cada ojo. Eso le dio aún más significado al viaje que estábamos haciendo para liberar las cenizas de mi abuela en el río principal de Manzanares y allá, sentadas en las grandes rocas cantábamos:

Espumas que se van...
bellas rosas viajeras,
se alejan en danzantes
y pequeños copos
ornando el paisaje.
Ya nunca volverán,
las espumas viajeras
como las ilusiones
que te depararon
dichas pasajeras.
Después nos fuimos para Manizales, la capital de Caldas en dónde disfrutamos inmensamente el tiempo las cuatro. El tercer y último viaje, hasta ahora, fue hace unos años, destino Cartagena de Indias. Allí vi de todo, cuando a uno le dicen que debe tener cuidado con los masajes y las trenzas es la advertencia más acertada para un turista. Pero a uno no le hablan sobre las prostitutas, los demás vendedores, la alta pobreza en las periferias y los problemas sanitarios por la sobrepoblación de gatos y perros, el regionalismo y demás. Pero supongo que es por pura conveniencia, Cartagena es unos de los destinos turísticos más buscados de este país, eso no se puede arriesgar, la ciudad está mantenida de la forma en la que está por eso mismo, el turismo. Pero, rescato las playas, la amabilidad de las personas, el ambiente de Jetsemani 24/7, la música, las sonrisas, las palenqueras, las cocadas, los artesanos y la comida, los mejores regalos de mi madre han sido los viajes, y por eso con mi hermanas queremos que para la próxima podamos llevarla a México y si es posible reencontrarnos con los amigos mejicanos que conocimos camino a Playa Blanca, que supieron animar ambiente playero y nos enseñaron a cocinar los deliciosos frijoles refritos.

Ese mismo año, yo estaba recién salida del colegio, recién desempacada como le escuché decir alguna vez a la profesora Magda. Después de tanta insistencia por parte de mis xadres y familiares, me apresuré e ingresé al SENA. Sinceramente, no la pasé muy bien :( me sentía en un lugar en el cual solo estorbaba, lo disimulaba y disfruté varias cosas, pero algo no cuadraba. Sin embargo, las circunstancias de la vida, me sonrieron. En aquella institución hice un par de amistades muy lindas y especiales, serán entonces S y K. Sofía era vegana, escuchábamos música muy similar, al igual que con K, pero ella era solo vegetariana. Ellas fueron mis madres en la militancia por la defensa de los derechos de los animales, las quiero muchísimo aún así no hable mucho con ellas, les dolió mi partida tan temprana de la institución. Obvio tenemos planes de vernos y reír juntas de nuevo.
Esta narración se puso alegre en unas cuantas líneas, pues es que aquí agarro un rumbo distintísimo y maravilloso.

Entonces, conocí el Centro de Educación Popular Chipacuy, allí no pude evitar enamorarme de la pedagogía y sobretodo, una forma distinta de enseñar. Gracias a Chipacuy, ahora soy parte de la educadora de educadores. Allí, conocí aún más gente súper interesante, tanto compañerxs, como profesorxs y trabajadorxs, hasta a mi pareja actual que amo con todas mis fuerzas, él, también es una pieza importantísima dentro de toda esta montaña rusa llamada vida. Y sí, allí continúa la historia, me parece prudente dejar aquí la narración, por ahora, han pasado muchas cosas y me gusta más escribir cuando siento que otro capítulo se cierra, o uno nuevo se abre, espero que sea pronto.















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